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Las Sillas Voladoras es un proyecto que se lleva a cabo desde octubre de 2005 y que permite a personas con discapacidad física hacer vuelo sin motor sin necesidad de que nadie les acompañe. La iniciativa surge como consecuencia de la negativa de la administración (Aviación Civil y el Departamento de Medicina Aeronáutica) para conceder licencias de piloto de planeador a personas con movilidad reducida.

Uno de los objetivos principales de Las Sillas Voladoras es que personas con cualquier discapacidad que tengan ilusión por volar, tengan la oportunidad de experimentar un bautizo en el cielo. Se les ofrece así "que se pongan alas y vivan y conozcan lo que es el espíritu de la libertad". Así resume Carlos de Albert Ysamat, vicepresidente de la asociación, lo que significan Las Sillas Voladoras: un vuelo solitario donde el piloto y el avión utilizan exclusivamente las fuerzas de la naturaleza para mantenerse en el aire.

 

surcando el cielo con las sillas voladoras deja tu silla de ruedas en tierra

 

Carlos de Albert quedó parapléjico a los veintiún años recién cumplidos al estrellarse contra un árbol mientras entrenaba en una motocross. Desde entonces no ha parado de practicar deportes que le generan sensación de libertad y adrenalina, como el esquí, conducir quads y, evidentemente, pilotar.

Carlos siempre quiso ser piloto, desde que tuvo uso de razón. Y, a pesar de su lesión y de lo económicamente inaccesible que le resultaba, no quiso dejar pasar la oportunidad de intentarlo. Sin consultar a nadie sobre si era viable o no el hecho de ser piloto siendo una persona con discapacidad, se presentó en Cruz Blanca para pasar las pruebas médicas pertinentes para la obtención del certificado de clase 2, el obligatorio para pilotos de Aviación General, es decir, aquellos que vuelan por hobby y no con fines comerciales. La sorpresa de Carlos fue ver que le habían denegado la solicitud por ser parapléjico.

"Tras la negativa, me puse a investigar y encontré navegando por Internet a Elisabeth Heilmeyer, presidenta de la asociación Las Sillas Voladoras, que llevaba años luchando por lo mismo que yo" nos cuenta Carlos. "Finalmente, después de pelearnos con los tribunales durante seis años, cambiaron la normativa tras la publicación de la (Orden FOM/2362/2008, de 29 de julio) y el Tribunal Supremo nos dio el veredicto positivo, permitiéndonos obtener la licencia de pilotos de planeador. Hoy ya somos varios los que hemos podido obtener el certificado de clase 2 y hacer el curso para ser pilotos de vuelo a vela. Y cada vez más personas con discapacidad se presentan con el mismo objetivo. Mientras nos enfrentábamos a los tribunales, Elisabeth me propuso ser vicepresidente de Las Sillas Voladoras y acepté. Desde entonces y con la ayuda de todos los que formamos la junta, amigos, socios y no socios, se hace posible nuestra actividad, siempre en equipo".

 

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En octubre de 2012, Carlos de Albert realizó su primera competición como piloto al mando. "Lo mejor que me ha pasado en la vida", según sus propias palabras. "De la experiencia destacaría el buen humor y la buena compañía por parte de todos los que compiten y que hacen que volar convierta el ir en silla de ruedas en algo anecdótico. Toda una experiencia que no sólo me ayudó a ser un mucho mejor piloto, si no mucho mejor persona. Jamás hay que perder el respeto a lo que representa volar pilotando un planeador sin motor. Son valores que se aprenden de los pilotos que nos acompañan y enseñan". Y es que, el vuelo sin motor le ha aportado muchas satisfacciones personales, pero también le ha aportado muchos conocimientos como piloto: "aprendí a fijarme en todo lo que me rodea y a cómo pensar y reaccionar anticipándome a todo lo que sucede a mi alrededor. Volando hay momentos críticos en los que hay que tomar decisiones importantes y no hay muchas alternativas".

 

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A lo largo de su historia, Las Sillas Voladoras han llevado a cabo una gran cantidad de encuentros, eventos y colaboraciones con diversas entidades como PREDIF, Fundación Vodafone, Fundación Airbus España, "Les Citoyens du Ciel", Club de Vuelo UPM, Aeroclub de Ocaña, Aeródromo de Fuentemilanos, Fundación del Lesionado Medular en Madrid, Residencia y el Centro de Día Medinaceli de Madrid, Aeródromo de Siguenza y la fundación Step by Step de Barcelona. Además de colaboraciones en charlas aeronáuticas por la seguridad en vuelo, por la discapacidad física en actividades aeronáuticas, etc. Con mucho orgullo por todo lo conseguido, Carlos afirma que "con estas entidades y otras, hemos logrado lo que nuestra asociación en España pretende defender y potenciar: integrar a las personas con discapacidad en las actividades aeronáuticas".

A Carlos de Albert le conocimos hace poco cuando compró y empezó a usar un handbike BATEC ELÉCTRICO. Resulta francamente halagador que alguien tan activo como él afirme que nuestros handbikes crean adicción.

¡Muchas gracias por compartir tu tiempo con nosotros, Carlos! Has logrado meternos el gusanillo de volar ;-)

 

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